En la obra, en taller o en el jardín, la ropa no es “el uniforme”: es parte de tu equipo. Si te aprieta, si te da calor como un plástico o si se raja a la segunda semana, lo pagas cada día. Y si el calzado no encaja con tu trabajo, acabas con fatiga, resbalones o rozaduras. La buena noticia... sigue leyendo
